sábado, 6 de marzo de 2010

CANTOS A LA CHICHA

I

Los estados puros de la vida
rayos del sol
no en la conciencia,
voces altas para nosotros
retoños de la tierra
dolientes de la historia
con inscripciones de muertes
cerca de los ojos
como águilas estacionarias
quedas en la memoria
y el beso del viento
cuando el sol solivianta
el espíritu hermano que fabrica sus perfumes
el bastón de la palabra
las manos al sembrado
trenzado con los colores
de la savia.

II

La memoria del campo
luego del gran éxodo.
Una nueva vida
una nueva guerra
por la subsistencia
en la ciudad
como un fantasma
que llena los estrados
de la memoria
como una mancha
sobre los arrabales
en que aparece el nuevo comercio
y con él sus labores
el cemento y el ladrillo
el alma del hombre
y su cansancio.
El canto de los relojes
al primer rayo de la mañana
la familia y las saudades
y los escasos pesos
con los días.
Vida mía, al final de la jornada
con las voces, el buen alimento
y el honor del turmequé.

III

Chicha
eres
comunicación de los hombres con el sol
que irriga el maíz.
Espíritu que anima las conversaciones
y el juego
cuando es necesario reír
para no morir presa del cansancio
como hace quinientos años
presa del cansancio.

IV

Aún establecidos
la injuriaron
con la inquisición.
Aún establecidos
con preceptos de brujas
y dioses paganos.
Dijeron, por ejemplo
que enajenaba,
esperaban que salieran derecho
a entregar el diezmo a la iglesia…

Pero el calor del ayer
forjó a los hombres del mañana
y lo que se reprime
se anhela.




V

Te canto como a un recuerdo
de familias que amamantaste
que albergaste en tu nido
desde donde se veían alboradas
y los trinos se entretejían.
Como a un espíritu te canto
transvasada de la sangre a la memoria
de la memoria a la palabra
de la palabra a los sueños
de los sueños al mañana
del mañana a una muchacha
a sus manos tersas
a mi pequeña muchacha
a pesar de la muerte.

VI

Ven, amiga
como mi hermana
a las vidas de los tristes
con manos de obrero te lo pido;
ven, solivianta
la espalda del desvaído
el resoplido de los nervios
el silencio
la pena de los inventarios
las declinaciones y las querencias
cuando cae la tarde como la nostalgia
sobre la frente curtida
y la sal de la carne;
ven, bálsamo del sediento
descanso del irredento
ascendiendo bajo la carga
velada de la noche,
con las palabras que hagan falta
ven, solivianta
con el recuerdo de la tierra
y el alimento secular
ven, solivianta.

Extraído del libro "Rutas dee mujeres y cáñamo" de
Andrés Barbosa Vivas
Todos los derechos reservados.

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