Quién la invita, no es la cuestión
quién la hospeda
o quién la vende.
La mujer del soldado
viendo llover
despliega sus alas en la saudade
por estar con él.
Cae la voz del trueno
implacable como el disparo
del destino.
Cuando partió a la guerra
se aferró a la luna
aprendió más de las cosechas
la importancia de llevar las cuentas.
Para ella las frases
bien tejidas, en una red
que demolerá de la tierra los gusanos.
Para ella los collares
las monedas del tiempo
los anillos de familia
y el amor.
Porque en el calor se cuece la palabra
como una tinaja de barro
para beber vino
y obtener más calor.
El calor que dieron sus manos
las imágenes de momentos
el mañana.
Para ella las rutas de contrabando
la voz de los inmigrantes
la consigna de arrabal
bien fuera perjuro
pasa los muros con su ariete
quién la invita, no es la cuestión
quién la hospeda
o quién la vende.
Extraido del libro "Rutas de mujeres y cáñamo", de
Andrés Barbosa Vivas
Todos los derechos reservados.
sábado, 6 de marzo de 2010
LA PALABRA
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